Almudena Lobera transforma el espacio del Centre d’Art La Panera con una intervención sensorial que reconfigura su estructura, alterando el entorno mediante el color al trazar una franja azul que recorre los muros de la sala, evocando una especie de piscina cuyo nivel de agua alcanza el cuello de la artista.

La exposición se articula en la lectura palindrómica, casi simétricas, que a través de ligeras disonancias generan la sensación de un déjà vécu: un eco espacial que enfrenta al visitante con la ilusión de retroceder sobre sus propios pasos, aunque siempre en un escenario sutilmente modificado. El tránsito del espectador se convierte así en una reflexión constante entre dos estados contrapuestos: de un lado, lo tangible, lo racional, lo estético; del otro, lo etéreo, lo subjetivo y lo profundo.

En el centro de la exposición, marcando ese eje que refleja lo vivido, aparece un pez dorado, símbolo de intuición, descubrimiento y ausencia de miedo. Como un destello que emerge desde las profundidades, sugiere que las ideas más significativas nacen allí donde la conciencia se expande y la percepción se agudiza. En su silueta resuena un guiño a la metáfora de David Lynch, que invita a sumergirse en las aguas profundas de la mente.

